24 de febrero de 2017

La Voz Romántica: Artículo de Iria Blake

Buenas tardes!!!

Esta tarde de viernes os traigo un artículo escrita por una de mis nuevas colaboradoras en el blog!!

Hace como un mes solicité en facebook la colaboración de tod@ aquel/la que quisiera publicar en un blog pero no se veía con tiempo, ganas, etc... de crearse uno propio y la acogida fue satisfactoria ya que recibí privados de algunas autoras. Algunas de ellas publicarán a cara destapada y otras lo harán bajo el anonimato.

Animo a cualquiera a que se ponga en contacto conmigo via mail  por privado de facebook si te apetece decir a tuya. Puede ser un artículo, una reseña o lo que te apetezca, todo siempre bajo el respeto!!! Básicamente por que si no, lo que escribas no verá la luz en este blog.

Esta nueva "sección" la he titulado La voz romántica y espero que tenga una gran acogida entre l@s lector@s del blog.

Sin más, os dejo con este primer artículo.


"Tiempos de Reflexión de Iria Blake - Autora de Novela Romántica"

Me mira. Intento escribir y me sigue mirando. Sé lo que quiere, pero necesito acabar este artículo y entregarlo. 

Está detrás, observando. Por un lado pone su cara de niña buena. Esos morritos que dan ganas de besar hasta hartarla, por otro lado, cara de bicho, sí bicho, que así es como la llamamos de forma cariñosa en la familia.

Me está tentando mi bicho para que deje de escribir y juegue con ella. Pero quien dice jugar, es verla bailar, verla cantar y cómo no, bailar con ella. Sí, hago el ridículo con ella delante del espejo de su habitación mientras bailamos una canción de mi odiado Justin Bieber. ¡Qué le vamos a hacer, es lo que toca!

Sigue mirando, de vez en cuando cotillea lo que escribo y me pregunta:
- Amatxu, ¿qué escribes ahora? ¿Lo puedo leer o aquí también hay besos y esas cosas que dices que todavía no puedo leer?

Me río, sé que dentro de poco esas cosas que no la dejo leer, dejarán de ser prohibidas y me acompañará y seguramente criticará lo que escriba. Pienso en ello y ciertamente lo temo. Sé que será mi crítica más feroz, no sabe mentir, la pillo en todas.

Me detengo por un momento y pienso en todas las veces que ella ha estado ahí, mirando impasible mientras esperaba a que acabe un capítulo, bueno tal vez dos. A veces la inspiración es puñetera y aparece cuando menos te lo esperas. Y es que no se atiene a razones, la inspiración digo.  
Recuerdo una madrugada de viernes que soñé con una escena que llevaba en la cabeza desde hacía días. Esa escena no salía y la dejé por aburrimiento, y entonces los personajes aparecieron en mis sueños. Nunca lo olvidaré, eran las cinco de la madrugada. Me levanté sigilosa, pero Mr. Blake me escuchó. Preguntó a dónde coño iba a esas horas, cuando le respondí que a escribir, su bufido se debió de escuchar en el quinto piso…

- ¿Todas las escritoras están tan locas como tú?

Esa fue su pregunta y al segundo se estaba dando la vuelta en la cama para seguir durmiendo. Pude escuchar su risa mientras salía de la habitación, yo también me reí. Esa pregunta rondó mucho tiempo por mi cabeza hasta que una vez, en uno de esos encuentros de locas, sí locas, descubrí que no era la única. ¡Menos mal! Por un momento me imaginé con camisa de fuerza y un  psicólogo analizándome, en plan “La Naranja Mecánica”, para modificar mi conducta. No va a hacer falta, somos demasiadas…

Compatibilizar una afición como la escritura, tu vida social y la familiar finalmente es un trabajo a jornada completa. A veces tenemos que hacer auténticos encajes de bolillos para equilibrarlo. Mis amigos me dicen que no saben cómo lo hago, lo cierto es que yo tampoco. ¿Quitar horas al sueño? Puede, ¿ver menos a los amigos? Va a ser que no, ¿qué Mr. Blake haga de amo de casa y niñero más de lo normal? Eso va a ser que sí, muchas veces, demasiadas. Es lo que tiene ser el consorte, estar ahí, detrás de ti para ver, desde las sombras, como su chica cumple un sueño. 
Iria Blake- Autora

En mi caso, ahí está el truco. La ayuda. Inestimable en muchos casos, necesaria, casi siempre. Escribir requiere un sacrificio, escribir bien, digo. Porque una cosa es escribir y otra es, juntar frases y construir una oración que signifique algo. Eso lo sabe hacer hasta mi hija de nueve años. Pero escribir, narrar, dar en el corazón, requiere algo más, y en mi caso es el tiempo. Algo de lo que yo carezco, y  que si no fuese por la ayuda de las personas que están a mí alrededor, tal vez sería un sueño sin cumplir. Puede que haya muchas autoras que se sientan identificadas con estas palabras, puede que otras no, pero en mi caso, es una verdad como un piano de cola.

Tengo una rutina muy clara. Casi siempre escribo de madrugada o muy temprano por la mañana, es cuando más fresca estoy, y he de admitir, que si Mini Blake está a mi lado, me resulta cuanto menos difícil, y más si justo me toca una súper escena erótica de esas que es mejor no tener a nadie alrededor, no vaya a ser que causemos un indebido subidón, y es que Mr. Blake… ¡no leas que te veo! Lo siento, me pone nerviosa verle pulular a mi alrededor. Reíros, pero es cierto. Por otra parte tengo un problema, que por momentos me resulta incómodo, y en eso creo que también os veréis reflejadas las escritoras, que las musas aparecen cuando les da la realísima gana. ¿En un restaurante, tal vez? Menos mal que al final llevo libretas de bolsillo, porque a este paso habría acabado con todas las servilletas de papel de los bares. Bueno y con la paciencia de mi marido, que cuando me ve en un bar con el bolígrafo en la mano, tiembla. ¡Sí, señores, me teme! Y yo también me temo, seamos claros. 

A saber, ¿no os sucede que de repente aparece una escena en la cabeza y la tienes que escribir por miedo a olvidarla? 

- ¡Por favor camarero, me puede prestar un boli?

Frase de rigor que debiera ser debidamente estudiada por un sociólogo.

¿Qué cómo lo hago? Lo de dividir mi tiempo, quiero decir. La verdad es que no lo sé, a veces dudo de mis capacidades y otras, sin embargo, me siento una súper woman. Como ahora que mientras escribo, estoy ayudando a Mini Blake con las divisiones de cuatro cifras. Cifras y letras, me recuerda al nombre de un programa de televisión.

Pienso en mí e imagino si a todas les sucede igual. Creo que mi día necesita treinta y cinco horas, tal vez más, pero luego pienso que he aprovechado todas y cada una de mis horas del día (que son veinticuatro, no penséis que tengo una máquina del tiempo), y me siento satisfecha, porque tal vez no todas tengamos ayuda, pero con o sin ella somos capaces de hacer que las historias que nacen en nuestras cabezas, y a veces en nuestro corazón, se plasmen en unas páginas que hasta hace nada eran de un blanco inmaculado y que ahora están llenas de esos relatos, pero también de muchas ilusiones porque las lectoras las lean, rían, se emocionen y lloren con ellas. 

Sí, creo que me gusta escribir, ¿y a vosotras?

¿Tu que opinas?
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